Este volumen se propone y consigue ser una versión abreviada del útil manual Redacción sin dolor, obra del mismo autor. Si el libro anterior, más prolijo, tenía la ventaja de ser práctico, factor que por desgracia no siempre juzgan indispensable manuales semejantes (léase mi reseña de Abecé de redacción), este lo es en mayor grado. El autor encontró la forma de organizar su material en diez capítulos sin divisiones ni subdivisiones y tres breves apéndices, de modo que el lector puede localizar sin ninguna dificultad los temas requeridos.
Diferencias entre el lenguaje oral y el escrito, posibles estructuras para un texto expositivo, oraciones simples y compuestas, coordinación, subordinación, yuxtaposición, usos correctos de los signos de puntuación, los gerundios, las partes de la oración y hasta los diez mandamientos para la buena redacción, entras otras materias, encontrará el agradecido lector en esta guía.
Además de su claridad expositiva y su estructura sencilla y eficaz, el libro hace gala de buen humor y siempre trata de infundir confianza a su lector, a quien se dirige de forma directa, en segunda persona; estas estrategias logran quitar algo de gravedad y tensión al estudio de asignaturas que usualmente son el dolor de cabeza de numerosos hispanoparlantes.
La buena noticia para quienes se acerquen a esta obra es que en ella el autor se resigna a incorporar las nuevas reglas ortográficas de la Real Academia Española, a lo cual se resistía aun en la más reciente edición de Redacción sin dolor, de 2010. ¿Qué implicaciones tiene esta actualización? Las más importante es el no acentuar el adverbio “solo” ni los pronombres demostrativos (este, ese, esos, aquel, aquellas, etc.). El acierto de omitir esas tildes reside en que resultaban del todo innecesarias. Otras reformas ortográficas son las siguientes: eliminación de acentos en palabras con diptongos o triptongos (como guion, truhan), supresión de la tilde diacrítica entre número (9 o 10), prefijo “ex” unido a la palabra que precede (exnovio, exmilitar, etc.).
También hay una mala noticia: pese a que uno de los mandamientos acuñados por Cohen es “no separarás el sujeto del núcleo del predicado con una coma”, tal como lo indica la RAE, el autor se toma la libertad de proponer una “regla Cohen”: la única excepción al mandamiento mencionado se presentará cuando el sujeto sea o incluya una oración subordinada, en cuyo caso sí habrá una coma entre sujeto y predicado. Con mucha claridad explica el autor su desacato: en el caso mencionado, dice, se pueden presentar ambigüedades, de modo que no sea posible definir con exactitud los límites entre sujeto y predicado. Sin embargo, los ejemplos que da son muy forzados, tanto que bastaría cambiar la estructura de la oración para que la polémica coma fuera desechada sin contemplaciones ni pérdidas: “quienes se adhieran a los procedimientos, sin problema podrán pedir su reubicación” [quienes se adhieran a los procedimientos podrán pedir su reubicación sin problema], “la que actúe ahora, sin pensarlo se perderá mañana” [la que actúe sin pensarlo ahora se perderá mañana, la que actúe ahora se perderá mañana sin pensarlo].
Una última observación: en la sección dedicada a las oraciones subordinadas, Cohen presenta una lista de palabras que llama “detectores de subordinadas”: que, como, cuan, donde, quien, conforme, mientras, pues, según, si. Estoy convencido de la utilidad de esta relación de vocablos. Sin embargo, echo en falta una explicación clara y concisa de qué es una oración subordinada, la cual sí se incluye en Redacción sin dolor. Ojalá que en próximas ediciones de esta Guía..., que cumple tan bien la mayoría de sus cometidos, se corrija la omisión.
*Guía esencial para aprender a redactar, Sandro Cohen, México, Planeta, 2011, 286 páginas.
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