jueves, 17 de marzo de 2011

Martyn Pig, Kevin Brooks

No puedo sino aplaudir con vehemencia la decisión del Fondo de Cultura Económica de seguir traduciendo y publicando las estupendas novelas del escritor inglés Kevin Brooks (1959). Hasta el momento, la editorial ha presentado tres de sus títulos: Lucas, Candy y Martyn Pig. Este último, de reciente aparición, es el libro con el que Brooks se dio a conocer en su país nueve años atrás. No solo es el autor un narrador eficaz y absorbente, sino un explorador de la crudeza de la vida, sin que ello exente a sus libros del amor, ya sea como redención o como golpe de gracia. En todo caso, no le interesa a Brooks contarle a sus lectores, buena parte de ellos jóvenes, que el mundo es muy bonito y está lleno de flores, sino explorar los abismos humanos. En el caso de Martyn Pig, el tema central parece ser el envilecimiento.

La vida de Martyn Pig es algo caótica: su madre se ha marchado de casa sin más, sin avisos ni llanto previo; su padre es un borracho que lo hace víctima de sus malos tratos; para colmo, el apellido del joven le granjea continuas bromas que lo incordian pese a que trata de ignorarlas. Quizá por este desorden, por este absurdo del que no puede defenderse, Martyn es admirador de las novelas y series policiacas, en las que cada detalle tiene sentido y los culpables son descubiertos y castigados finalmente; en las que impera, pues, la justicia y no la impunidad y el vacío.

Los días de Martyn, difíciles pero rutinarios, se complican cuando el joven provoca accidentalmente la muerte de su padre. Aunque el hecho lo pone en un aprieto mayúsculo, también resulta liberador: su verdugo está fuera de combate. Junto a su amiga Álex, una aspirante a actriz de la que está enamorado, Martyn intentará salir bien librado del trance poniendo en práctica sus conocimientos como seguidor de policiales. No faltarán las dificultades, por supuesto, y ellas serán uno de los motores del interés lector. Pero más que el suspenso, el libro tiene como centro el proceso de maduración del protagonista y narrador, quien acabará transformado por su experiencia. Eso sí: lo que aprendió de su aventura deberá inferirlo el lector, no le será regalado por quien narra.

Esta sobrecogedora novela nos hace testigos de cómo la corrupción del entorno va inoculando las ambiciones de un joven en apariencia noble. Si su falta de escrúpulos en un principio parece jugar a su favor, conforme avancen las páginas quizás acabe poniéndose en contra de sus más caros anhelos. No parece ser la intención de Kevin Brooks el dictarle a su lector normas de conducta, pues el libro carece de conclusiones fáciles y énfasis torpes. Más bien se trata de contar una historia triste, aunque también cómica a ratos, que además de procurar a quien lee el gozo del suspenso por los riesgos a los que se enfrentan los protagonistas y la posibilidad de que todo su proyecto se eche a perder de un momento a otro, propicia la reflexión respecto de la forma en que el entorno nos transforma e incluso tuerce nuestra naturaleza.

De cualquier manera, el lector aprende del libro, pero no de forma directa o burda, como decir dos más dos son cuatro o esto es verde o esto blanco, sino del modo oblicuo, intuitivo, complejo, propio de la gran literatura. Sí, señores: también para jóvenes y sobre jóvenes se escriben grandes libros.

*Martyn Pig, Kevin Brooks, traducción de Ignacio Padilla, México, Fondo de Cultura Económica, 2011, 204 páginas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El papá de Marcela y Marisol me ayudó a descubrir la magia de Martyn, Candy, Lucas y Kevin. Estupendo, apasionante y centrado. Ahora yo le comparto la nota de prensa que publiqué por estos días luego de leer su blog y conversar con el mismo Kevin Brooks (estuvo de visita en Colombia en la Feria del Libro de Bogotá). Saludos amigo! http://entretenimiento.latam.msn.com/co/colombia/articulo_colprensa.aspx?cp-documentid=33490361

Javier Munguía dijo...

Qué gusto me da saber que contribuí a que te interesaras por los excelentes libros de Kevin. Yo acabo de leer el más reciente aparecido en México, El camino de los muertos, y pronto lo reseñaré. Saludos de vuelta. Nos leemos.

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