Supe que Kevin Brooks (Inglaterra, 1959) era un gran escritor desde que leí la primera obra suya que cayó en mis manos, la novela Lucas, publicada en 2009 por el Fondo de Cultura Económica. En ella encontré a un autor capaz de abordar con toda la profundidad requerida el mundo de los jóvenes: sin desdeñar los sentimientos pero tampoco falseándolos; sin quitarle significado a la violencia al hacer uso de ella de manera fortuita, pero tampoco escamoteándola. En Lucas, la protagonista no se enamora de un cuerpo de gimnasio o de unos ojos azulísimos y seductores, sino de rasgos menos evanescentes; en Lucas, la tensión no se produce a raíz de una batalla más entre buenos y malos, sin consecuencias distintas a abultar páginas, sino con motivo de enfrentamientos sustanciales que definen el carácter de los personajes y cifran el conflicto central de la novela, que no resulta ser ninguna frivolidad. ¡Ojalá que fuera Kevin Brooks, y no Stephenie Meyer y sus epígonos, quien vendiera millones de ejemplares de sus libros!
En Candy, la segunda novela de Kevin Brooks que el FCE tiene a bien presentar a los lectores hispanoparlantes (¡bravo!), he encontrado tantos motivos como en Lucas para mantener mi buena opinión del autor. Tenemos de nuevo a un protagonista joven, pero esta vez no una mujer sino un hombre. Joe es un muchacho algo tímido e inseguro que en un corto viaje de la pequeña población que habita a Londres para una revisión médica conoce a una chica unos años mayor que lo arroba: Candy. ¿Quizá porque es desenvuelta y segura de sí misma y fuma como experta? ¿Quizá porque está en las antípodas de él mismo, tan vulnerable e introvertido?
Ya desde ese primer encuentro se entera Joe de que estar cerca de esa joven puede ser una experiencia peligrosa. Pese a su apariencia despreocupada, Candy está inmersa en un mundo oscuro y autodestructivo, muy distinto del que Joe conoce. Sin reparar en ello, el chico propiciará nuevas salidas en las que irá involucrándose cada vez más con esa mujercita difícil pero auténtica, lo cual significará exponerse a rudas enemistades. ¿Hasta dónde llevará a Joe ese amor loco que no parece tener ningún futuro y sí decenas de inconvenientes?
Además de valer por sí misma, por su historia convincente y poderosa, Lucas ofrece al lector una imagen desoladora de una sociedad prejuciada y xenófoba que bien podría ser la nuestra. Caso distinto es el de Candy, que no parece ser una metáfora de nada ni aspirar a dejar ningún mensaje. Le basta con narrar una historia de amor complicado, más agrio que dulce, rodeado de violencia. Lo anterior no significa que Candy sea una novela solo entretenida. Su ritmo narrativo es imparable, sí: la tensión no hace sino acrecentarse hasta ese álgido final, de modo que es muy difícil dejar el libro. Esta efectiva estructura, sin embargo, está al servicio de una exploración sin anestesia de los bajos fondos y sobre todo de una complicidad inusitada, sin intereses ni condiciones, entre una pareja dispareja cuyo encuentro, en medio de tantas amenazas y diferencias, es todo un desafío a la sensatez, pero no a los sentimientos: de ahí el impacto que provoca.
A lo más que puede aspirar Candy como novela es, quizás, a dejar en su lector la sensación de que no siempre el amor es como lo pintan las historias rosas. Algún lector despistado pensará que para saber eso no necesita leer una novela mayor de 300 páginas. En realidad, las mejores novelas no son solo los mensajes que dejan, las ideas que de ellas pueden extraer los lectores, sino también la intensidad con que permiten a quien lee acercarse como si fueran propias a experiencias ficticias y ajenas. Candy es una de ellas.
*Candy, Kevin Brooks, traducción de Ignacio Padilla, México, Fondo de Cultura Económica,
2010, 323 páginas.
4 comentarios:
No me funciona el buscador en tu blog. Creo que tenías una reseña de Delirio de Restrepo. ¿Me das el enlace?
Por supuesto, querida Granota:
http://libroadicto.blogspot.com/2010/10/delirio-laura-restrepo.html
Qué pena que no te funcione el buscador. Yo lo acabo de probar y lo encontré funcional. Abrazo.
Pues no sé pero no me funciona. Gracias. Estoy empezando a disfrutar de Delirio.
Me encantará leer tus impresiones sobre esta novela que tanto admiro. Abrazo, Granotita.
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