lunes 20 de diciembre de 2010

El pequeño hoplita, Arturo Pérez Reverte

En Madrid, en la presentación conjunta de Fonchito y la luna, de Vargas Llosa, y El pequeño hoplita, de Arturo Pérez Reverte, este último dijo de su libro que en él aparecen temas no habituales en la literatura infantil, como la lucha, el valor, la lealtad, morir, matar y la traición. La declaración no hace sino exhibir en toda su magnitud la profunda ignorancia de Pérez Reverte respecto de libros y autores de ficción dedicada a los niños. ¿Qué idea tendrá el célebre narrador español de esta literatura? ¿Creerá que todo es afán moralizante y cursilería?
La verdad es que la literatura orientada en los chicos prácticamente no tiene límites en cuanto al tratamiento de temas. El divorcio, la muerte, la enfermedad, el acoso estudiantil, el maltrato intrafamiliar, el amor, el miedo, la adopción y la homosexualidad son solo algunos de los asuntos abordados en las ficciones para niños.
La originalidad temática no es, pues, una virtud de El pequeño hoplita. Tampoco la anécdota ha sido inventada por Pérez Reverte. Se trata de la Batalla de las Termópilas, ocurrida en el año 480 a. C., en la que un reducido grupo de valientes griegos perece, a causa de una traición, ante el numeroso ejército invasor de persas. La diferencia entre el relato histórico y la ficción del autor español parece ser la inclusión en esta de un personaje niño que acompaña con valor a los 300 hombres condenados a morir mientras defienden su tierra.
El texto es lineal y sin tropiezos, excepto por la fea e innecesaria costumbre de Pérez Reverte de reiterar al lector datos que ya le ha dado, con el latiguillo de “ya hemos dicho”.
Vargas Llosa ha opinado de este libro que es una narración sobre el amor a la libertad, la fraternidad y la valentía, entre otros temas. Estoy de acuerdo con don Mario. Sin embargo, hay algo de inhumano en arriesgar a un niño en una batalla a muerte. Hay mucho de inhumano e irreal en la impavidez tanto del niño como de los soldados, en su absoluta falta de miedo. Más que hombres, parecen estatuas. El pequeño hoplita, pues, aborda los temas apuntados por Vargas Llosa de un modo un tanto superficial, fácil, sin todos los conflictos que conllevan, como si subestimara a sus lectores.
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