Los mejores promotores de la lectura son los buenos libros. Si bien es noble labor la de quienes se dedican al convencimiento de potenciales lectores, el argumento más persuasivo es el encuentro entre el libro deslumbrante e intenso y el gozoso lector. Un libro que transforma a quien se sumerge en sus páginas. Un libro que nos permite hacer propia la experiencia ajena. Un libro que nos regala amigos, enemigos, lugares entrañables u odiosos que sólo existen entre sus páginas. Un libro que ensancha los límites de nuestro mundo. Un libro como esta gorda novela de la reconocida narradora norteamericana Joyce Carol Oates (Lockport, Nueva York, 1936): La hija del sepulturero, publicada por primera vez en su idioma original en 2007 y editada en español en 2009.
La protagonista se llamaba Rebecca Schwart y al inicio del libro vive en Chautauqua, al oeste del estado de Nueva York, y tiene 23 años, un hijo pequeño y un marido que visita a su familia muy esporádicamente. Tiene además un odio visceral contra su padre, muerto de forma violenta 10 años atrás. Rebecca se esfuerza en convencerse de que su vida actual, aun con el esposo ausente y los apuros económicos, es mucho mejor que la vivida con su primera familia.
Atraída por los recuerdos de la mujer, se nos presenta una retrospección que abarcará buena parte de la novela y se remontará a 1936, año en que la familia de Rebecca llegó de Alemania a Estados Unidos, huyendo de los nazis; año, además, en que la misma Rebecca nació, a bordo del barco que trajo a su familia. A pesar de haber sido profesor en su país, el padre se ve forzado a aceptar el puesto de sepulturero y cuidador del cementerio: la familia, compuesta por tres hijos y los padres, se instala en una modesta casa de piedra dentro del panteón.
La vida de Rebeca será dura desde sus inicios: el padre, incapaz de aceptar su nueva condición y el exilio forzoso, se volverá un alcohólico violento y paranoico que los suyos terminarán odiando. Conforme avancen las páginas, seremos testigos de la paulatina desintegración de la familia. Pero el drama de Rebecca no terminará con la muerte de su terrible padre: la perseguirá en su primer noviazgo y en su matrimonio con un hombre no muy distinto, quizá peor, que su progenitor. Rebecca parece predestinada al dolor. Necesitará ingenio y mucho coraje para intentar demostrarse lo contrario.
Si bien no es en ningún momento una novela aburrida, La hija del sepulturero no echa mano del suspenso para atrapar a sus lectores. Tampoco se vale de recursos literarios vistosos: su estructura es más bien convencional y su prosa, límpida, sin retorcimientos innecesarios. El gran interés del libro está en la profunda, incluso morosa caracterización de sus personajes, protagonistas de dramas universales, como la soledad, la incomunicación, el exilio, la violencia, la marginación.
El libro tiene un narrador en tercera persona, pero este asume la perspectiva de buena parte de los principales personajes para ahondar en sus motivaciones, en sus ilusiones y miserias. Este narrador no lleva prisas: se toma todo el tiempo del mundo para, a través de sus acciones, de sus omisiones, de sus palabras y silencios, más que de sus reflexiones, darnos a conocer a hombres y mujeres acongojados, dueños de un mundo interior convulso.
A pesar de la gran carga dramática de los hechos relatados, la autora nunca cae en la tentación de la sensiblería o el melodrama ingenuo. No hay autocompasión ni lágrimas en exceso, como tampoco hay una intención de denuncia, al menos no en primer término. El designio de Oates parece más bien poner en evidencia las distintas respuestas ante las tragedias, enormes o domésticas, de los seres humanos, así como su capacidad de resistencia, de elección y de búsqueda.
Luego de sumergirse en las hondas aguas de La hija del sepulturero, uno deseará leer sólo libros tan significativos y emocionantes como este, y no perder tiempo con frivolidades seudoliterarias, o exhibiciones de cultura y dominio de idiomas a falta de talento, o simple charlatanismo disfrazado de originalidad y riesgo.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada