
Con su quinta novela, El niño con el pijama de rayas (2006), el narrador irlandés John Boyne (Dublín, 1971) obtuvo un merecido reconocimiento internacional. Millones de lectores en diversos idiomas fueron seducidos por la historia de un niño que vive muy de cerca una de las peores tragedias de la humanidad, el Holocausto perpetrado por los nazis, sin apenas darse cuenta.
Dos años después, Boyne demuestra que no ha sido aplastado por el éxito con la publicación de Motín en la Bounty (2008), una novela mucho más extensa que su predecesora y probablemente más ambiciosa, ambientada a finales del siglo XVIII e inspirada en un hecho histórico: la rebelión protagonizada por el primer oficial Fletcher Christian ante el capitán William Bligh a bordo del barco HMS Bounty, que regresaba a Inglaterra luego de su tortuoso y largo viaje a la oceánica isla de Otaheite (Tahití).
A pesar de que el libro sigue en su argumento varios sucesos documentados, antes, durante y después del motín, estamos ante una obra que va mucho más allá del legítimo interés histórico que puede suscitar. Su protagonista y narrador es un personaje sin modelos reconocibles llamado John Jacob Turnstile. A los 14 años, el huérfano Turnstile se dedica al hurto en las calles de la ciudad inglesa Portsmouth por órdenes del señor Lewis, quien regenta una casa de niños abandonados a los que utiliza con fines turbios. A raíz de su encuentro con un distinguido caballero francés, a quien John Jacob birla su reloj, la vida del joven cambia: se ve obligado a embarcarse como criado en la Bounty, que está por iniciar una larga travesía. Turnstile volverá transfigurado de este viaje.
Es de resaltar la sabiduría narrativa de la que Boyne hace gala en esta obra: en ningún momento cae en la tentación de aburrirnos con tediosas descripciones del barco o de los lugares donde transcurre la novela. Las descripciones, nunca excesivas, están siempre subordinadas a las acciones, que funcionan como vértice. Es decir, el narrador suele describir cuando el lector está inmerso en una situación tensa, de tal modo que no termine agotado en el proceso de leer o, peor aún, con ganas de botar el libro. Además, recurre a la elipsis cuando no hay nada importante que contar y tiene un agudo olfato para sacarle el mayor jugo dramático posible a los enfrentamientos y roces entre los tripulantes.
Al mismo tiempo que nos cuenta los progresos del siempre emocionante viaje, Turnstile recuerda en orden no cronológico, sino como si sus recuerdos fueron piezas revueltas que terminarán embonando, su vida de soledad y frustración antes de embarcarse, y los abusos y humillaciones de las que el señor Lewis lo hacía víctima. Dichos recuerdos son contrastados por el protagonista y por los lectores con la vida en el barco, que si bien es dura también, le da a John Jacob acceso a la nobleza de ciertos personajes y sobre todo la oportunidad de conocer mejor la enorme gama de posibilidades y emociones del ser humano.
Esto último es uno de los mayores méritos de Motín en la Bounty: la soltura con que maneja una gran cantidad de personajes en situaciones extremas que sacan en ellas lo mejor o lo peor de sí mismos. La ambición, la lealtad, la solidaridad, el cinismo, la lujuria, el hambre, el amor, el odio, la violencia, la amistad, la locura: nada parece ajeno a la novela. Da la impresión de que el libro fue escrito, más que para contar un viaje apasionante, para dar cuenta de que existe un sustrato común a los hombres y mujeres de todos los lugares y épocas. El hacer este tipo de hallazgos, encarnados en historias apasionantes, nos enrostra el carácter desquiciado de los proyectos totalitarios que en numerosas ocasiones a lo largo de la historia de la humanidad han pretendido establecer categorías de seres humanos en razón de la raza, el sexo o la preferencia sexual. He aquí el enorme servicio que nos presta a sus lectores la mejor literatura, además de enriquecer nuestra imaginación y nuestro lenguaje, y de darnos infinitas horas de placer.
2 comentarios:
hola Javier...he vuelto para mirar mas reseñas de tus libros...te cuento que he terminado de leer "asuntos pendientes"..y la verdad me encantó!!!!!!!....muy bien recomenddo por tí....gracias!!!!
Luis Gabriel: qué gusto saber que te animaste a leer la novela y no te defraudó. La verdad es que te mantiene en constante tensión, ¿no? Te contagia esa sensación de amenaza que viven varios de los personajes.
Un abrazo hasta la ciudad más bella del mundo, a la que espero volver muchas veces.
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